Noam Chomsy
Recorro con suavidad el teclado, amigo lejano, amigo olvidado; le regalo pequeños golpes, lo presiono con armonía, y disfruto calladamente el deslizar de mis ideas en las palabras que reviso con la mirada.
Mis palabras, mis verdades, mis hechos; mi testimonio hecho texto.
Mis confesiones resultan pasivas, no hieren a nadie, no acechan ni esperan ser acechadas, quizás ninguna ofensa incluso les resultará ser ignoradas.
Es evidente, pero es un tierno engaño, sólo al despertar. Sólo al despertar, mis palabras son inocentes.
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